Ella caminaba despacio, al compás de la música de sus cascos verdes.
Cantaba bajito, con cuidado de no ser escuchada.
No miraba a la gente. Era su ciudad, su gente.
Extraños.
La llamaban. Un nombre. Vacío. Giraba la cabeza sin hacer caso.
Se ajustó el abrigo y suspiró. Se formó una nube de vaho. Sonrisa. Recuerdos. No pensaba.
Y entonces ocurrió. Un coche. Un grito. Sangre. Y unos cascos verdes en el asfalto.
*****
Lo sé. Sádico y sin sentido. Esto es lo que se le ocurre a una cuando está a punto de dormirse y no tiene papel y boli a mano. Hay que fastidiarse (xD).
Bueno, lo tenía escrito ya desde hace bastante tiempo, pero bueno, para que lo lea más gente que mi madre, mi prima y el gato de la vecina.
¡Por cierto! Ahora tengo un gato. Se llama Kuro. Y respira. Y... es un peluche.
Me lo compré está mañana en la tienda de la esquina, cerca de casa de mi abuela. Es de una cosa que han sacado ahora (ya no saben que inventar), para que frikis como yo a los que no dejan tener animales en casa puedan aliviar su... ehm... dolor. Se llaman Perfect Petzz. El mío es más o menos (bueno, es este) así:
Ya le haré un video, es más moooono :3.
Pues eso. Ale. ¡Besicos!










